Nicolas Molle por Dominique Gauzin–Müller


Nicolas Molle fundó el estudio ETAMINE en 1999. Ha sido su director desde entonces y hasta convertirse en presidente-director general en 2014 con el cambio de sociedad limitada a sociedad anónima. La arquitecta y periodista Dominique Gauzin-Müller le pregunta sobre su trayectoria, sus investigaciones y sus motivaciones.

 


 

Dominique Gauzin-Müller: ¿Cuándo despertó su interés por la construcción ecológica y las energías renovables? 

Nicolas Molle: Pertenezco a la generación que vivió las dos crisis petroleras de los años setenta. Mi interés por la energía solar se remonta a cuando estudiaba en la école Centrale de París. En el segundo curso realicé un trabajo sobre un colegio de educación infantil en el que se combinaban paredes Trombe y aportes solares pasivos. Mis prácticas en la Direction études et Recherches de EDF en 1977, dedicadas a la modelización de colectores solares de aire y la ventilación parietodinámica, ya tenían por objetivo disminuir el consumo energético de los edificios aprovechando las energías renovables. Luego inicié mi trayectoria profesional como cooperante técnico en Venezuela.

 

¿De modo que tienes experiencia sobre la térmica en climas menos suaves que el nuestro? 

Durante los cuatro años que estuve en Venezuela, monté un grupo de estudio sobre la energía solar en la IUT de Caracas. En 1979 instalamos la primera baliza solar fotovoltaica (1 kWc) para el aeropuerto internacional de Caracas y desarrollamos varios proyectos de desecado solar o desalinización de agua de mar en el marco de un curso de posgrado sobre térmica, que se organizó en colaboración con la école Centrale. Yo quería seguir por este camino, así que decidí hacer una tesis doctoral en térmica en el Laboratorio de Energía Solar de la Universidad de las Antillas-Guyana en Pointe-à-Pitre (Guadalupe). Entre 1981 y 1984 me dediqué a tiempo completo a desarrollar una modelización térmica dinámica para viviendas, cuyo objetivo era determinar las condiciones de confort en las regiones cálidas y húmedas sin tener que recurrir a la climatización. Es curioso constatar que lo que en aquella época era el tema de un trabajo de investigación ha tardado veinte años en convertirse en un elemento común de los proyectos de construcción. Una de las cosas que demostré en mi tesis es la importancia de dar prioridad a colocar una cubierta clara en los inmuebles no climatizados, más aún que aislarlos térmicamente, como algunos siguen defendiendo hoy en día. Cuando volví a aquel lugar a principios del nuevo siglo, pude comprobar con satisfacción que las cubiertas blancas, inexistentes cuando yo estuve en Guadalupe, se habían generalizado desde entonces.

 

¿Qué motivaciones te impulsaron a fundar el estudio ETAMINE? 

Fue mi trabajo como investigador lo que me llevó a fundar ETAMINE. Durante veinte años había adquirido experiencia en investigación y desarrollo sobre las técnicas de ingeniería climática en el Centro Técnico de Industrias Aerólicas y Térmicas (CETIAT) y, más tarde, en el SFEE-INTELBAT, un estudio donde se investigaba sobre la técnica del edificio (BET TCB), filial de EDF y dedicada al control de la demanda de electricidad. En 1999 decidí que quería aprovechar mis competencias para ayudar a los profesionales de la construcción a concebir proyectos más respetuosos con el medio ambiente.

 

¿Cuáles son las características concretas de ETAMINE? 

ETAMINE ha sido uno de los primeros estudios en proponer la simulación térmica dinámica para optimizar el diseño de los inmuebles y de los sistemas energéticos. Nuestro principal interés es el estudio de conceptos innovadores en los que la simulación te permite paliar la falta de experiencias prácticas. El sector de la construcción es, efectivamente, muy conservador. El coste elevado de reparar los posibles desperfectos a lo largo de la vida útil de los edificios hace que se valore más la reproducción de modelos y el seguimiento de trámites normalizados o certificados. Pero, al mismo tiempo, los retos que plantea el desarrollo sostenible nos exigen un replanteamiento de estos modelos y empezar a explorar nuevos caminos. Ahí es donde cobra sentido toda la experiencia y el conocimiento de ETAMINE. El objetivo es aportar fiabilidad a un enfoque innovador, sin exceder los costes del mercado y buscando con inteligencia el equilibrio entre cada una de las limitaciones económicas de un proyecto. Esto es lo que hemos hecho, entre otros, con el pozo canadiense del colegio de La Tour de Salvagny en 2001, con la chimenea solar de l’Hôtel de Ville de échirolles en 2004 y con la refrigeración por humidificación adiabática de la estación de ferrocarril de la SNCF de Montpellier en 2011.

 

¿Quiénes son los clientes de ETAMINE? 

Nuestra especialidad se ha encontrado con la demanda del mercado que reclamaba edificios sostenibles. La especialización técnica de nuestras intervenciones ha despertado el interés de arquitectos, promotores y empresas de construcción en general. Nuestros servicios son solicitados, sobre todo, por agrupaciones de promotores o de diseño-construcción. Si bien nuestros primeros trabajos se centraban en la fase de esbozo o de anteproyecto, poco a poco hemos ido acompañando a los diseñadores a lo largo de todo el proyecto con vistas a garantizar la eficiencia energética y medioambiental después de la entrega del proyecto. Nuestra primera referencia sobre esta cuestión es el proyecto en consorcio público-privado del nuevo hospital de Bourgoin-Jallieu con Bouygues en 2007, seguido de las simulaciones del compromiso de eficiencia del Ministerio de Defensa en Balard (distrito 15 de París) en 2011, siempre en colaboración con Bouygues.

 

ETAMINE solo trabaja en el ámbito de la energía, aunque también adopta un enfoque medioambiental más global. ¿Cuál es vuestra postura respecto al enfoque HQE? 

Nosotros fuimos pioneros en la implementación del enfoque HQE cuando aún estaba por perfilar, mucho antes de que se convirtiera en una certificación. A finales de los años noventa, y a iniciativa de Canadá, se puso en marcha una organización internacional llamada el Green Building Challenge (GBC). Proponía un método de evaluación de la calidad medioambiental de los edificios basándose en diversos criterios repartidos en cinco retos: uso de recursos no renovables, impactos sobre el entorno, calidad del aire interior, etc.
En el año 2000, con motivo de la reestructuración del centro de enseñanza secundaria de Voiron, en Isère, trasladé este método según los catorce objetivos del enfoque HQE. Ese proyecto atrajo la atención de Gilles Olive —fundador de la HQE en Francia—, que tenía que presentar unos «parámetros explícitos sobre la calidad medioambiental de los edificios» a petición del Ministerio de Vivienda. De esta forma, mi trabajo sirvió de punto de partida para los primeros parámetros de certificación HQE propuestos por el CSTB en 2002… Sin embargo, mientras trabajaba en el centro de enseñanza de Voiron, yo me iba dando cuenta de que este método era muy tosco y valorizaba muy mal las innovaciones del proyecto. Pero la maquinaria ya estaba en marcha y la asociación HQE —presidida en aquellos momentos por Dominique Bidou— prefirió tener una certificación susceptible de mejora a no tener ninguna certificación en absoluto.

 

¿Qué piensas de la certificación de los edificios? 

Nosotros siempre nos habíamos opuesto a una certificación procedimental y binaria porque solo valoriza el estado de la técnica y obliga a tratar aspectos que son totalmente secundarios en un proyecto. Pero desde el momento en que el conjunto de la profesión hizo un giro hacia la consideración del entorno en los proyectos de construcción, flexibilizamos nuestra posición y nos apuntamos al movimiento. No cabe duda de que la certificación garantiza un mínimo de exigencias a aquellos que no harían nada si no existiera.

 

En estos momentos en que el enfoque HQE es un estándar de la profesión, que compite además con otras etiquetas internacionales como BREEAM y LEED, ¿cuál puede ser la vocación de ETAMINE? 

Igual que el agricultor de Lucky Luke que traslada su casa más hacia el oeste cada vez que la construcción del ferrocarril le alcanza, nosotros queremos explorar los caminos que ayudarán a la profesión a continuar avanzando hacia un mundo más sostenible. Se nos plantean multitud de cuestiones: la renovación energética de los edificios, la eficiencia medioambiental garantizada y verificada, el acompañamiento de los usuarios y de los gestores para controlar la energía y gestionar el entorno durante la vida útil del edificio, etc. El objetivo de nuestra implicación durante las fases de diseño y de realización de un proyecto es haber logrado los resultados previstos al término de la vida útil. El seguimiento y la monitorización de los edificios eficientes nos aportan una experiencia que nos permite enriquecer constantemente nuestra metodología de diseño, nuestras técnicas de simulación y las soluciones que deben priorizarse, entre austeridad, simplicidad, robustez y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC). Este conocimiento acumulado se enriquece cada día con el seguimiento que hacemos del edificio WOOPA, en Vaulx-en-Velin, donde está la sede de ETAMINE. Asimismo, hemos desarrollado con Bouygues Energies Services una metodología para otorgar fiabilidad a la garantía de resultados en los contratos de eficiencia energética como, por ejemplo, para los centros de enseñanza secundaria de la región de Rhône-Alpes…

 

¿Cómo ves el futuro de ETAMINE? 

Nuestro estudio es una sociedad cooperativa, lo que significa que todos los empleados pueden ser socios de la empresa y que esta se rige por un esquema democrático según el principio «un hombre, un voto». Así pues, todos juntos decidimos cuáles son los destinos de nuestro proyecto común. Me gustaría que, al término de mi vida profesional, mis colaboradores prosiguieran con esta aventura en las mejores condiciones, y trabajamos con decisión para lograrlo.
Proyecto tras proyecto, vamos explorando con nuestros socios colaboradores otras cuestiones emergentes en torno a la economía circular, a la utilización voluntarista de materiales de origen biológico, a la promoción de la diversidad, de la salud... No nos mueve únicamente el «valor verde» de los edificios, sino el sentido que estas iniciativas pueden tener para el mayor número de personas posible y lograr una sociedad más sostenible y solidaria. Al igual que el movimiento Colibris de Pierre Rabhi, queremos ser, a nuestra escala, otro actor más, modesto pero dinámico, de esta revolución que ya ha comenzado.

 


Arquitecta francesa afincada en Alemania desde 1986, Dominique Gauzin-Müller es especialista en urbanismo y arquitectura «ecorresponsables»: materiales, energía, implicaciones sociales y culturales… Comisaria de diversas exposiciones, ha publicado once obras, algunas de ellas traducidas a ocho idiomas: Construire avec le bois, Moniteur 1999; L’architecture écologique, Moniteur 2001; L’architecture écologique du Vorarlberg, Moniteur 2009. Redactora jefe de la revista EcologiK/EK desde su creación en 2007, colabora con numerosas editoriales y revistas internacionales. Profesora honoraria de la Cátedra UNESCO-CRAterre de culturas constructivas, enseña en los colegios de arquitectura de Estrasburgo y Stuttgart, además de participar en otras universidades de todo el mundo. Es miembro de la Compagnie des négaWatt para la transición ecológica.